“En el mundo están ocurriendo cosas increíbles…. Ahí mismo, del otro lado del río, hay toda clase de
aparatos mágicos, mientras nosotros seguimos viviendo como burros”- Gabriel
García Márquez
El siglo XXI se conoce el mundo de los negocios bajo una sola constante: la
innovación. Aquellas
grandes empresas,
que representan a nivel mundial ejemplos de cómo la economía se puede movilizar
gracias al talento humano, son ejemplo de los cambios que se dan de manera cada
vez más rápida.
Vivimos en una época donde la producción industrial ha sido superada por la
habilidad que tienen
las grandes empresas internacionales de crear conceptos novedosos y la manera
en que utilizan éstos para generar recursos. La transformación de materias
primas es una actividad secundaria y no asegura las grandes ganancias de
aquellos que explotan el poder de las ideas.
Sin embargo, los contextos en que se presenta la innovación como instrumento para el
crecimiento y la competencia, son muy diferentes al contexto mexicano; seguimos
viviendo en un país con mentalidad colonial: extractora y transformadora de
recursos naturales.
Y, es cierto, México es rico en tales recursos, sin embargo, no hacemos nada nuevo por construir
un futuro próspero mas allá de una actividad primaria.
En el caso de la economía mexicana, nuestra importancia a
nivel mundial no se da por que tengamos un país propositivo ni audaz en los
negocios, se debe
al tamaño de su población que es visto por países en el extranjero como un mercado
atractivo para vender la innovación que en aquellos países se produce.
Esto me recuerda a un reportaje en TVE, sobre un grupo de
jóvenes de Ghana que creaban tablets para niños de escuelas primarias con la
intención de generar una educación al nivel de los países avanzados; este
ejemplo puede recordarnos a lo que se hace en varias de las universidades
mexicanas, sin embargo hay que preguntarnos ¿Por qué si teniendo ese mercado
potencial que ofrece México, y teniendo el talento para explotar las habilidades
de los estudiantes de ingeniería, no tenemos una competencia de calidad para
Apple?
La respuesta es fuerte, no existen en el país las
condiciones para incentivar la innovación y convertirla en negocio; en un país
preocupado más por el valor del petróleo, y por los recursos que se extraen, es
imposible generar una mentalidad emprendedora que brinde un salto de la manufactura al
desarrollo.
Tropicalizando esta idea a mi contexto regional, la mediocridad mexicana
se ha convertido en el éxito queretano, aislando todo el conflicto que existe
al interior de la república y la situación de un poco de paz que existe Querétaro se posiciona
como una urbe prometedora para aquellos que buscan la tranquilidad de una
ciudad que se vanagloria de su seguridad. Pese a que la ciudad y el estado se
han mostrado como ejemplos del desarrollo y el crecimiento, la industria que se
plantea poco tiene que ofrecer al mercado de la innovación, sigue siendo al
final del día una ciudad manufacturera.
Desde el gobierno de Francisco Garrido, el asentamiento en
el estado de las grandes empresas Aeronaúticas, la instalación del Call Center
de Santander, la
reciente aparición de el nuevo centro comercial más grande en Latinoamérica
(Antea), así como el
futuro asentamiento de lo que se llamara Queretawood hace parecer a la
metrópolis como la tierra promedita; sin embargo dicho crecimiento es un
espejismo, si bien la
ciudad y su población han crecido, no se experimenta un beneficio en su calidad de vida.
Querétaro, una ciudad cara, con un crecimiento desmedido,
con desarrollos inmobiliarios apresurados y empequeñecidos y, sobre todo, una
ciudad con salarios bajos y precios altos; una ciudad con un sistema de
transporte público, ineficiente, injusto e indigno. Una ciudad que como muchas
de México tiene clínicas de salud pública donde las esperas son largas, el
trato es ineficiente y las instalaciones dejan mucho que desear.
Una ciudad que estrena con orgullo un hospital oncológico para
menores, con tecnología de punta, exclusiva en Latinoamérica y que no se
pregunta ¿Por qué no hemos podido generar dicha tecnología y hacerla asequible
a la población?
Una ciudad que fabrica, manufactura, sirve, pero que no desarrolla,
que genera empleos pero que son mal pagados, que tiene ferias del empleo pero no ofrece mucho a sus universitarios. Una ciudad que
se presenta como una alternativa para externos, pero que no puede ofrecer
mejores oportunidades a quienes ya viven en ella. Una ciudad de contrastes
atemorizantes, con el centro comercial más grande del país, con marcas
internacionales que sólo están disponibles para el poder adquisitivo de unos
cuantos.
La receta mexicana tiene un exponente ideal en esta ciudad,
las brechas gigantescas entre clases, y algo más preocupante, la evidencia del
desarrollo a costa del statu quo, sin embargo la pregunta sigue estando en la
mesa ¿Hasta cuándo?
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