jueves, 20 de marzo de 2014

MEDIOCRIDAD MEXICANA, ÉXITO QUERETANO.


“En el mundo están ocurriendo cosas increíbles…. Ahí mismo, del otro lado del río, hay toda clase de aparatos mágicos, mientras nosotros seguimos viviendo como burros”- Gabriel García Márquez

El siglo XXI se conoce el mundo de los negocios bajo una sola constante: la innovación. Aquellas grandes empresas, que representan a nivel mundial ejemplos de cómo la economía se puede movilizar gracias al talento humano, son ejemplo de los cambios que se dan de manera cada vez más rápida.

Vivimos en una época donde la producción industrial ha sido superada por la habilidad que tienen las grandes empresas internacionales de crear conceptos novedosos y la manera en que utilizan éstos para generar recursos. La transformación de materias primas es una actividad secundaria y no asegura las grandes ganancias de aquellos que explotan el poder de las ideas.

Sin embargo, los contextos en que se presenta la innovación como instrumento para el crecimiento y la competencia, son muy diferentes al contexto mexicano; seguimos viviendo en un país con mentalidad colonial: extractora y transformadora de recursos naturales. Y, es cierto, México es rico en tales recursos, sin embargo, no hacemos nada nuevo por construir un futuro próspero mas allá de una actividad primaria.

En el caso de la economía mexicana, nuestra importancia a nivel mundial no se da por que tengamos un país propositivo ni audaz en los negocios, se debe al tamaño de su población que es visto por países en el extranjero como un mercado atractivo para vender la innovación que en aquellos países se produce.

Esto me recuerda a un reportaje en TVE, sobre un grupo de jóvenes de Ghana que creaban tablets para niños de escuelas primarias con la intención de generar una educación al nivel de los países avanzados; este ejemplo puede recordarnos a lo que se hace en varias de las universidades mexicanas, sin embargo hay que preguntarnos ¿Por qué si teniendo ese mercado potencial que ofrece México, y teniendo el talento para explotar las habilidades de los estudiantes de ingeniería, no tenemos una competencia de calidad para Apple?

La respuesta es fuerte, no existen en el país las condiciones para incentivar la innovación y convertirla en negocio; en un país preocupado más por el valor del petróleo, y por los recursos que se extraen, es imposible generar una mentalidad emprendedora que brinde un salto de la manufactura al desarrollo.

Tropicalizando esta idea a mi contexto regional, la mediocridad mexicana se ha convertido en el éxito queretano, aislando todo el conflicto que existe al interior de la república y la situación de un poco de paz que existe Querétaro se posiciona como una urbe prometedora para aquellos que buscan la tranquilidad de una ciudad que se vanagloria de su seguridad. Pese a que la ciudad y el estado se han mostrado como ejemplos del desarrollo y el crecimiento, la industria que se plantea poco tiene que ofrecer al mercado de la innovación, sigue siendo al final del día una ciudad manufacturera.

Desde el gobierno de Francisco Garrido, el asentamiento en el estado de las grandes empresas Aeronaúticas, la instalación del Call Center de Santander, la reciente aparición de el nuevo centro comercial más grande en Latinoamérica (Antea), así como el futuro asentamiento de lo que se llamara Queretawood hace parecer a la metrópolis como la tierra promedita; sin embargo dicho crecimiento es un espejismo, si bien la ciudad y su población han crecido, no se experimenta un beneficio en su calidad de vida.

Querétaro, una ciudad cara, con un crecimiento desmedido, con desarrollos inmobiliarios apresurados y empequeñecidos y, sobre todo, una ciudad con salarios bajos y precios altos; una ciudad con un sistema de transporte público, ineficiente, injusto e indigno. Una ciudad que como muchas de México tiene clínicas de salud pública donde las esperas son largas, el trato es ineficiente y las instalaciones dejan mucho que desear.
Una ciudad que estrena con orgullo un hospital oncológico para menores, con tecnología de punta, exclusiva en Latinoamérica y que no se pregunta ¿Por qué no hemos podido generar dicha tecnología y hacerla asequible a la población?

Una ciudad que fabrica, manufactura, sirve, pero que no desarrolla, que genera empleos pero que son mal pagados, que tiene ferias del empleo pero no ofrece mucho a sus universitarios. Una ciudad que se presenta como una alternativa para externos, pero que no puede ofrecer mejores oportunidades a quienes ya viven en ella. Una ciudad de contrastes atemorizantes, con el centro comercial más grande del país, con marcas internacionales que sólo están disponibles para el poder adquisitivo de unos cuantos.


La receta mexicana tiene un exponente ideal en esta ciudad, las brechas gigantescas entre clases, y algo más preocupante, la evidencia del desarrollo a costa del statu quo, sin embargo la pregunta sigue estando en la mesa ¿Hasta cuándo?